"...HIJITOS, LES ANUNCIO PARA QUE SE PREPAREN, PARA QUE CAMBIEN SU FORMA DE VIVIR..."
"He venido por TODOS mis HIJOS con el deseo de
acercarlos a Nuestros Corazones"
LAS HORAS DE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
Las veinticuatro horas de la Pasión
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Meditaciones Sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
Para acompañar a Nuestro Señor Jesucristo, en cada Hora de su Pasión
Para acompañar a Nuestro Señor Jesucristo, en cada Hora de su Pasión
Por Luisa Picarretta, hija de la Divina Voluntad.
(En proceso de Beatificación)
Presentamos la Asociación por las Almas del Purgatorio.
¡Inscribe a las tuyas! ¡Reza por todas!
Por RORATE CÆLI -23/11/2014
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viernes, 22 de abril de 2016
martes, 19 de abril de 2016
Publicado el 31 jul. 2014,por Efraín Hurtado
"El Santo Cura de Ars nos habla en su sermón "Sobre la Comunión Indigna". Hace una descripción a detalle del pecado de sacrilegio que realiza un cristiano comulgando indignamente, es decir, sin prepararse adecuadamente con un buen anĺisis de sus conciencia, confesión con el sacerdote y preparación para antes de la comunión. Se enfoca principalmente en aquellos infelices cristianos que tienen la desgracia de comulgar en pecado mortal, que ocultan sus pecados haciendo malas confesiones. Da varios ejemplos de desgraciados cristianos que han sido abandonados por Jesucristo al hacer comuniones sacrílegas e indignas; se hacen amigos de Satanás por el pecado y pecan gravísimamente al recibir el cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía; sus corazones se endurecen al ser abandonados por la gracia Divina y son completamente dominados por el maligno".
lunes, 18 de abril de 2016
domingo, 17 de abril de 2016
“Amoris Lætitia” : Evangelio apócrifo bergogliano para el hombre del siglo XXI
Roma, para el Denzinger-Bergoglio
Sábado al mediodía. Preparación de la vorágine pastoral del fin de semana, dejados los encargos, también pastorales, en tribunal. Y ahora, en el móvil, los mensajitos: “¿Padre, ha visto?”, “¡Padre, ahora los concubinos pueden comulgar!”, “Padre, ¿ya no hay pecado mortal en la Iglesia?”, “Padre, ¿es pecado vivir como hermano y hermana?”. Y tantos más… Así que he tenido que encender el modo avión del teléfono para poder escribir unas líneas sobre la nueva enciclopedia bergogliana: “Amoris laetitia” – La “alegría del amor”. Una enciclopedia que quiere ser un “Evangelio de la Familia”: de la “familia bergogliana”, evidentemente. Los Cuatro Evangelios de Jesucristo, inspirados por el Espíritu Santo, tienen – según la Biblia de Jerusalén en español – algo más de 76.000 palabras. El nuevo “Evangelio Bergogliano” (que podemos considerar un “apócrifo” del siglo XXI), supera las 60.000 palabras, mucho más que los tres sinópticos juntos. Una verborrea confusa y, sobretodo, generadora de confusión que ha dejado a todos los comentaristas –incluso a quien escribe– en la inseguridad de si valía la pena leerlo entero; e incluso si valía la pena escribir algo sobre ello.
Decimos “evangelio” porque así lo califica su autor: el “Evangelio de la Familia” (AL 60, 63, 76, 200, 201). Y calificamos como “apócrifo” porque así son llamados los textos en que se mezclan noticias y doctrinas verdaderas, con errores, mentiras y absolutas herejías; en los primeros tiempos de la Iglesia eran infatuaciones gnósticas o nicolaitas; por lo que sus autores se “escondían” bajo el anonimato, y “escondían” sus escritos, de ahí el uso del término griego “escondido” para calificar esos escritos: apókryphos (todo escondido). Pero siempre han existido “apócrifos” incluso públicos, es decir textos, habitualmente cargados de verborrea, en los que aparecen, como en ciertas sopas, alimentos sabrosos y nutritivos junto con verdaderos venenos flotando o semi-flotando en el caldo atractivo y nauseante.
El domingo tuve que ir atrás de una oveja desgarrada hacía 21 años, que desde cuatro meses buscaba; ella, como la samaritana, ha tenido cinco “maridos” y el que actualmente tiene no es su marido… (cf. Jn 4, 17-18) Y yo pensaba: “¿Puedo decirle a esta mujer adúltera y concubina, madre soltera e “in civitate peccatrix” (Lc 7, 37), que ni siquiera ha tenido el cuidado de cubrir sus desnudeces con una ropa decente para recibir un sacerdote en su casa, pero cuya conversión Dios quiere, y yo también, que ahora ya nada es pecado, que puede comulgar sin cambiar de vida?” En conciencia, no. Hay que acordarse de San Juan Evangelista y su “non licet tibi” ante el concubinato adulterino de Herodes, que le costó la cabeza (cf. Mc 6, 18). Dios quiere la santificación de esta “samaritana”, no su perdición eterna en el infierno, pero quien nos creó sin nuestra colaboración, no nos salva sin nuestra cooperación, como bien dijo San Agustín: “Qui creavit te sine te, non salvavit te sine te” (Serm. de verbis Apostolis 169, XI, n. 13;PL 38, 923). Dios desea de todos los hombres actos de virtud, de integridad, ¡de santidad! ¡De progreso rumbo al encuentro gozoso con él! De abandono del pecado, para quienes no han conservado la inocencia. “¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios” (1Cor 6, 9-10), si no cambian de vida, claro. ¡Y es posible cambiar de vida! Pero no es posible ir al cielo sin repudiar la vida pecaminosa. Esa misma enseñanza, el Apóstol de las Gentes la transmite, en fin de vida, a su discípulo Timoteo, hablando de los falsos doctores de la ley que “han caído en vana palabrería” (1Tim 1, 6) y pretenden ser “maestros de la Ley”; la Ley, dice el Apóstol “es buena, con tal que se la tome como ley”, y no ha sido instituida para los justos, sino para los “prevaricadores y rebeldes”, que él enumera: “impíos, pecadores, irreligiosos y profanadores, parricidas, matricidas, asesinos, adúlteros, homosexuales…” Para estos, según el Apóstol, debe ser aplicada la Ley, pues esos tales “se oponen a la sana doctrina” (1Tim 1).
¡Qué diferencia con Francisco y su última y “verborraica” vana palabrería…!
Qué dicen los glosadores de “Amoris laetitia”
Los comentarios en la prensa “internetica” son tan numerosos que no hemos tenido tiempo de cotejarlos todos.
Ya el primero, el cardenal Schönborn, al presentar el indigesto texto en la “Sala Stampa” del Vaticano, no teme afirmar que el documento viene a superar “la artificiosa, exterior, neta división entre [uniones] «regulares» e «irregulares»”. Más o menos como si el papa pudiese derogar alguno de los mandamientos, o inventar un nuevo sacramento. Y el cardenal valido, en una exégesis típicamente “bergogliana” (no católica) aplica una frase de S. Pablo sobre otro asunto totalmente diferente: “Dios encerró todos los hombres en la rebeldía para usar con ellos de misericordia” (Rm 11, 32). Un error de interpretación que no se permitiría en el primer curso de teología de un seminario; y más un seminario dominico (en el cual Schönborn estudió). ¡Nada que ver! Nos recuerda ciertos pastores protestantes, con los que hemos tenido que “dialogar” (sic!), para los cuales cualquier frase vale en cualquier sentido sin relación con nada. Porque el Magisterio multisecular para ellos no existe; ni la interpretación auténtica dada por la Iglesia a lo largo de veinte siglos. Y eso parece que tampoco existe para Schönborn, glosando a Francisco.
Para el cardenal privado del pontífice, con el nuevo texto “hay en primer lugar un suceso lingüístico… algo ha cambiado en el discurso eclesial”. ¿Qué ha cambiado?
Los comentaristas laicos, izquierdistas, divorcistas y etc., no dejan de alegrarse porque el Francisco los protege en sus aberraciones morales.
Antonio Socci, un vaticanista aguzado, reporta algunos titulares de la prensa italiana no católica. Para “La Repubblica”, el texto de Bergoglio significa “es posible la comunión para los divorciados recasados”; en “Il Corriere della Sera” el título es “El papa abre los sacramentos a los recasados”.Estos piensan como Schönborn; es decir como Francisco.
No sólo, también el periódico de la Conferencia Episcopal Italiana, “Avvenire” declara con euforia, a respecto del “Evangelio apócrifo bergogliano”: “Cuando el cardenal Kasper habló del «documento más importante en la historia de la Iglesia en el último milenio» algunos pensaron que fuese exagerado… Ahora con el texto delante, debemos decir: el texto de Francisco tiene el sabor de un texto fuerte y revolucionario”. Dejando de lado los errores de redacción, que no pasarían en un curso elemental (repetición de palabras, uso impropio, etc.), el sentido es claro: hay un cambio de 180 grados en la doctrina familiar bergogliana, en relación a la doctrina familiar católica. Un cambio “revolucionario”, como no existió en los últimos 1.000 años. Kasper fue más lejos, en los últimos 17 siglos. El mismo uso del calificativo “revolucionario” indica que Francisco ha querido revolver, producir una mudanza muy radical, instaurar un nuevo estado de cosas contrario a un orden existente; podemos usar la expresión italiana “revolución copernicana”, es decir poniendo boca abajo, patas arriba lo que estaba erguido según la ley humana y divina. En el caso, el matrimonio como fue querido e instituido por Dios.
Y Socci comenta acertadamente: “la exhortación apostólica es un gesto claro de desafío a dos mil años de magisterio católico. Y en los ambientes católicos (traumatizados) domina un silencioso desconcierto”.
Psicológicamente surge el desconcierto en el alma humana, delante de ciertas aberraciones extremadamente escandalosas, y provocan el silencio de los justos: Jesús calló delante de Caifás, porque no tenía sentido comentar las insensateces del Sumo Sacerdote, legítimo heredero de Aarón, pero prevaricador: “Jesus autem tacebat” (Mt 26, 63)(...)
sábado, 16 de abril de 2016
¡¡¡Felicidades, Santidad!!!
En este día 16 de abril, se cumplen 89 años del nacimiento de nuestro amado papa emérito, Joseph Ratzinger.
Desde En Cristo y María queremos felicitarle y desear verle cumplir muchos años más. Le recordamos y le amamos desde lo profundo del corazón. Sus escritos, sus palabras y su vida callada han sido y siguen siendo para la Iglesia de Cristo un legado que nunca queremos perder.
Unidos con usted, en las oraciones. ¡Dios le siga bendiciendo!
Todo el equipo y los lectores de En Cristo y María.
viernes, 15 de abril de 2016
¿Dificultades para vivir plenamente la Ley Divina? (Amoris Lætitia)
15/04/2016
a abolirlos sino a darles cumplimiento. En verdad os digo que
mientras no pasen el cielo y la tierra, de la Ley no pasará ni la
más pequeña letra o trazo hasta que todo se cumpla. Mt. 5, 17-18
Q
ueridos hermanos, a los pies del Calvario, el Buen Pastor da Su Vida por Sus ovejas. Cada día en el Santo Sacrificio del Altar, Nuestro Señor Jesucristo, nos lo recuerda. Haced esto en memoria mía. Es a los pies de la Santa Cruz, de donde pende la Redención del mundo, donde reflexiono sobre la Exhortación apostólica Amoris Lætitia. Y no puedo más que manifestar mi asombro, perplejidad y verdadera desolación en aquellos puntos tocantes a la verdad del matrimonio, a la realidad de las relaciones pecaminosas de adulterio, sodomía, matrimonios civiles, relaciones prematrimoniales.
Desearía comentar, de forma somera, los puntos 304 a 306 del apartado Normas y discernimiento, del Capítulo octavo. Considero que estos tres puntos pueden dar a entender la Exhortación apostólica, la idea fundamental que subyace en ella, es decir, asumir las relaciones pecaminosas con normalidad, sin la más mínima referencia al pecado.
Estos tres puntos coinciden en ser textos oscuros, enrevesados en sus palabras y frases, verdadero laberinto de ideas indeterminadas, sin conclusiones, que destruyen y no edifican. Vemos, con asombro, como en lugar de hablar de la verdad y bondad de la Ley moral natural, de la Ley moral de la Iglesia, de la misma Ley divina, se las relativiza y desplaza del centro del obrar de la persona, colocando a ésta como el origen de donde han de manar las normas y su fin.
Nos encontramos ante unos textos que no se fundamentan en el Magisterio y Tradición de la Iglesia, con el fin de concluir enseñanzas y confirmarnos en la fe católica. Estamos ante unos textos plagados de ideas personales a las que se les quiere dar rango de norma general en la Iglesia. Algo insólito e inadmisible.
Punto 304
Empieza este punto diciendo: Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano. Continúa diciendo: Ruego encarecidamente que recordemos siempre algo que enseña Santo Tomás de Aquino y que aprendamos a incorporarlo en el discernimiento personal. Y añade unos textos de de la Suma de Teología del Santo, en concreto del artículo 4, de la cuestión 94, de la Parte I-II.
Los textos que se aducen son sesgados y adolecen de manipulación, pues están entresacados y puestos uno a continuación de otro para presentar un todo homogéneo. Personalmente he comprobado la diferencia en la traducción del texto, pues difiere con el texto que cotejo de la BAC maior (Madrid 2006). La palabraindeterminación no aparece, sino excepción. Además, la última cita de Santo Tomás de la Exhortación (Cuanto más se desciende a lo particular, tanto más se aumenta la indeterminación) no le he encontrado en el artículo 4 de la cuestión 94. Sería importante que un especialista en Santo Tomás confirmara o me corrigiera en lo expuesto.
Qué dice la cita de Santo Tomás en la Exhortación apostólica:
Aunque en los principios generales haya necesidad, cuanto más se afrontan las cosas particulares, tanta más indeterminación hay […] En el ámbito de la acción, la verdad o la rectitud práctica no son lo mismo en todas las aplicaciones particulares, sino solamente en los principios generales; y en aquellos para los cuales la rectitud es idéntica en las propias acciones, esta no es igualmente conocida por todos […] Cuanto más se desciende a lo particular, tanto más aumenta la indeterminación.
Qué dice Santo Tomás en el artículo 4 de la cuestión 94:
“La razón práctica, en cambio, se ocupa de las cosas contingentes, cuales son las operaciones humanas, y por eso, aunque en sus principios comunes todavía se encuentra cierta necesidad, cuanto más se desciende a lo particular tanto másexcepciones ocurren.[…] Pero en el orden práctico, la verdad o la rectitud práctica no es la misma en todos a nivel de conocimiento concreto o particular, sino sólo de conocimiento universal; y en aquellos que coinciden en la norma práctica sobre lo concreto, no todos la conocen igualmente. […]…
Es muy importante la conclusión con que termina el artículo 4 de la cuestión 94:
Se debe concluir que la ley natural, en cuanto a los principios universales, es la misma para todos los hombres, tanto en el contenido como en el grado de conocimiento. Más en ciertos preceptos particulares, que son como conclusiones derivadas de los principios universales, también es la misma bajo ambos aspectos en la mayor parte de los casos; pero pueden ocurrir algunas excepciones, ya sea en cuento a la rectitud del contenido, a causa de algún impedimento especial (como también en algunos casos fallan las causas naturales debido a un impedimento); ya sea en cuanto al grado de conocimiento, debido a que algunos tienen la razón oscurecida por la pasión, por una mala costumbre o por una torcida disposición natural.
Es decir, si estamos hablando de un conocimiento natural de las cosas, la razón práctica puede adolecer de estar oscurecida por la pasión, por una mala costumbre o por una torcida disposición natural. Pero esta conclusión no le interesa al punto 304.
Este punto 304 termina diciendo:
Es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares Al mismo tiempo, hay que decir, que precisamente por esta razón, aquello que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma. Ello no sólo daría lugar a una casuística insoportable, sino que pondría en riesgo los valores que se deben preservar con especial cuidado.
Vemos que el punto 304 empieza dejando de lado la norma general, para ahora darle un mejor lugar. Sinceramente no entiendo qué quiere decir con poner en riesgo los valores que se deben preservar con especial cuidado. Siempre ideas indeterminadas y confusas.
Termina el punto 304 con una referencia a pie de página de Santo Tomás, una frase suya: Si no hay más que un solo de los dos conocimientos (conocimiento general de la norma y conocimiento particular), es preferible que este sea el conocimiento de la realidad particular que se acerca más al obrar. Igualmente esta frase del Santo está sacada de contexto y por tanto con intención de manipulación, pues el Santo la dice en el supuesto de la persona con la virtud de la prudencia, lo que le permitirá mucho mejor asimilar las diversas circunstancias.
Sería muy conveniente que un especialista en Santo Tomás de Aquino pudiera analizar en profundidad este punto 304 y las citas que toma del Santo y la manera en que las emplea.
Pero realmente, no puedo entender este punto 304 de la Exhortación, pues no estamos ante casos de ley natural sino bajo las normas de la fe católica, de la ley divina manifestada en los mandamientos y sacramentos, en la fe y costumbre de la Iglesia. Por tanto, pastores y fieles nos guiamos según la fe, que está perfectamente clara para santificar todas nuestras acciones. Estamos ante casos de moral que la Iglesia perfectamente conoce y nos muestra para vivir y enseñar. Estamos ante una tradición bi-milenaria donde la Iglesia, Madre y Maestra, no ha hecho más que enseñarnos, instruirnos y corregirnos en la verdad de la fe, en la Verdad de Dios.
Punto 305
Por ello, un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones “irregulares”, como si fueran rocas que se lanzan sobre la vida de las personas. Es el caso del os corazones cerrados, que suelen esconderse detrás de las enseñanzas de la Iglesia “para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los caos difíciles y las familias heridas”.
Texto igualmente sorprendente. Las leyes morales son las leyes de la Iglesia, son las leyes divinas, son los mandamientos, los sacramentos, es la verdad de la Iglesia para la salvación de las almas. Es la salvación de las almas, la vida o condenación eterna del alma lo que está en juego. La Iglesia, los pastores, no decimos lo que queremos, es Cristo quien habla a través de su Iglesia, a través de sus ministros, y debemos sujetarnos a la verdad de Dios. Debemos actuar según la norma moral de la Iglesia, según sus enseñanzas. ¿Cómo puede decir, de una forma tan despectiva, que nos escondemos detrás de las enseñanzas de la Iglesia, ridiculizándolas e insultando a los sacerdotes que queremos ser fieles a ella, diciendo que nos sentamos en la cátedra de Moisés…? Estamos en absoluto desacuerdo con esta manifestación personal, arbitraria y gratuita.
No compartimos lo que dice: por creer que todo es blanco o es negro a veces cerramos el camino de la gracia y del crecimiento en medio de los límites. Como siempre ideas indeterminadas, sin dejar claro qué quiere. Pero la realidad es que todo, en cuanto a la salvación del alma, es o blanco o negro, pecado o gracia, bueno o malo, salvación o condenación. El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama (Mt. 15, 30). No hay término medio.
Punto 306
Ante quienes tengas dificultades para vivir plenamente la ley divina, debe resonar la invitación a recorrer la vía caritatis. Expresión insólita donde las haya. La Ley divina es la Ley que la Misericordia Divina ha dado a Su Iglesia para la salvación de las almas. El nombre de Dios es Misericordia, Dios es Misericordia, estamos en el año de la Misericordia, la Misericordia de Dios lo llena todo, entonces, ¿puede Dios dar una Ley que sea una carga que no puedan llevar sus hijos? La Ley divina es la expresión de Su Misericordia. Nunca podrá ser una carga, sólo lo es para quien vive apegado al pecado. El pecado debilita la voluntad, oscurece la mente, deforma al alma.
Continúa el punto 306, La caridad fraterna es la primera ley de los cristianos. No olvidemos las promesas de las Escrituras: “Mantened un amor intenso entre vosotros, porque el amor tapa multitud de pecados “ 1 Pe 4, 8. En modo alguno puede pensarse que este pasaje pueda suponer convivir con el pecado, sino más bien que ante el juicio final la caridad será el mejor abogado. Este texto de Pedro hay que verlo con Santiago 5, 20: Sepa que quien convierte a un pecador de su extravío salvará su alma de la muerte y cubrirá sus muchos pecados. La mayor caridad fraterna es decirle al pecador que deje su situación de pecado, o que no llegue a cometerlo.
Vivir plenamente la Ley divina
La ley divina es clara: Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la repudiada por su marido, comete adulterio. Lc. 16, 18.
El adulterio es una transgresión gravísima del orden moral natural condenado con frecuencia y de modo expreso por la Sagrada Escritura: Ex. 20, 14: No cometerás adulterio. Lev. 20, 10: Si uno comete adulterio tanto con la mujer de un hombre como con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera morirán si remedio. Prov. 6, 32:Quien adultera con una mujer carece de inteligencia, quien o hace se pierde a sí mismo. Rom. 13, 9: Pues no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás…
La Iglesia, siguiendo las enseñanzas de Jesús y guiada por el Espíritu Santo, ha establecido para el caso gravísimo de adulterio la licitud de la separación de los cónyuges, pero sin indisolubilidad del vínculo matrimonial, por tanto, con la imposibilidad de contraer un nuevo matrimonio.
La enseñanza del Magisterio de la Iglesia es amplísima y clarísima:
Si alguno dijere que, a causa de herejía, o por cohabitación molesta, o por culpable ausencia de cónyuge, el vínculo matrimonial puede disolverse, sea anatema. Dz. 975.
Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando enseñó y enseña que, conforme a la doctrina del Evangelio y los Apóstoles, no se puede desatar el vínculo de matrimonio por razón de adulterio de uno de los cónyuges; y que ninguno de los dos, ni siquiera el inocente que no dio causa para el adulterio, puede contraer nuevo matrimonio mientras vida el otro cónyuge, y que adultera lo mismo el que después de repudiar a la adúltera se casa con otra, como la que después de repudiar al adúltero se caso con otro, sea anatema. Dz. 977.
Luego si la Iglesia no erró ni yerra cuando enseñó y enseña estas cosas, evidentemente es cierto que no puede desatarse el vínculo, ni aun en el caso de adulterio, y cosa clara es que mucho menos valen y en absoluto de han de despreciar las otras tan fútiles razones que pueden y suelen alegarse como causa de divorcios. (Pio XI. Casti connubi. 31 diciembre 1930).
Este amor ratificado por la fidelidad mutua y sobre todo sancionado por el sacramento de Cristo, es indisolublemente fiel, en cuerpo y alma, tanto en la prosperidad como en la adversidad y, por tanto, queda excluido de él todo adulterio y divorcio. Gaudium et Spes, 49.
Si tal es la condición del hombre con respecto al a mujer, no trae cuenta casarse. Él les respondió: No todos son capaces de entender esta doctrina, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Mt. 19, 10-11. El Señor da la gracia para vivir el Sacramento del matrimonio, y la gracia para no pecar en caso de ruptura.
Ave María Purísima.
Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa
Desearía comentar, de forma somera, los puntos 304 a 306 del apartado Normas y discernimiento, del Capítulo octavo. Considero que estos tres puntos pueden dar a entender la Exhortación apostólica, la idea fundamental que subyace en ella, es decir, asumir las relaciones pecaminosas con normalidad, sin la más mínima referencia al pecado.
Estos tres puntos coinciden en ser textos oscuros, enrevesados en sus palabras y frases, verdadero laberinto de ideas indeterminadas, sin conclusiones, que destruyen y no edifican. Vemos, con asombro, como en lugar de hablar de la verdad y bondad de la Ley moral natural, de la Ley moral de la Iglesia, de la misma Ley divina, se las relativiza y desplaza del centro del obrar de la persona, colocando a ésta como el origen de donde han de manar las normas y su fin.
Nos encontramos ante unos textos que no se fundamentan en el Magisterio y Tradición de la Iglesia, con el fin de concluir enseñanzas y confirmarnos en la fe católica. Estamos ante unos textos plagados de ideas personales a las que se les quiere dar rango de norma general en la Iglesia. Algo insólito e inadmisible.
Punto 304
Empieza este punto diciendo: Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano. Continúa diciendo: Ruego encarecidamente que recordemos siempre algo que enseña Santo Tomás de Aquino y que aprendamos a incorporarlo en el discernimiento personal. Y añade unos textos de de la Suma de Teología del Santo, en concreto del artículo 4, de la cuestión 94, de la Parte I-II.
Los textos que se aducen son sesgados y adolecen de manipulación, pues están entresacados y puestos uno a continuación de otro para presentar un todo homogéneo. Personalmente he comprobado la diferencia en la traducción del texto, pues difiere con el texto que cotejo de la BAC maior (Madrid 2006). La palabraindeterminación no aparece, sino excepción. Además, la última cita de Santo Tomás de la Exhortación (Cuanto más se desciende a lo particular, tanto más se aumenta la indeterminación) no le he encontrado en el artículo 4 de la cuestión 94. Sería importante que un especialista en Santo Tomás confirmara o me corrigiera en lo expuesto.
Qué dice la cita de Santo Tomás en la Exhortación apostólica:
Aunque en los principios generales haya necesidad, cuanto más se afrontan las cosas particulares, tanta más indeterminación hay […] En el ámbito de la acción, la verdad o la rectitud práctica no son lo mismo en todas las aplicaciones particulares, sino solamente en los principios generales; y en aquellos para los cuales la rectitud es idéntica en las propias acciones, esta no es igualmente conocida por todos […] Cuanto más se desciende a lo particular, tanto más aumenta la indeterminación.
Qué dice Santo Tomás en el artículo 4 de la cuestión 94:
“La razón práctica, en cambio, se ocupa de las cosas contingentes, cuales son las operaciones humanas, y por eso, aunque en sus principios comunes todavía se encuentra cierta necesidad, cuanto más se desciende a lo particular tanto másexcepciones ocurren.[…] Pero en el orden práctico, la verdad o la rectitud práctica no es la misma en todos a nivel de conocimiento concreto o particular, sino sólo de conocimiento universal; y en aquellos que coinciden en la norma práctica sobre lo concreto, no todos la conocen igualmente. […]…
Es muy importante la conclusión con que termina el artículo 4 de la cuestión 94:
Se debe concluir que la ley natural, en cuanto a los principios universales, es la misma para todos los hombres, tanto en el contenido como en el grado de conocimiento. Más en ciertos preceptos particulares, que son como conclusiones derivadas de los principios universales, también es la misma bajo ambos aspectos en la mayor parte de los casos; pero pueden ocurrir algunas excepciones, ya sea en cuento a la rectitud del contenido, a causa de algún impedimento especial (como también en algunos casos fallan las causas naturales debido a un impedimento); ya sea en cuanto al grado de conocimiento, debido a que algunos tienen la razón oscurecida por la pasión, por una mala costumbre o por una torcida disposición natural.
Es decir, si estamos hablando de un conocimiento natural de las cosas, la razón práctica puede adolecer de estar oscurecida por la pasión, por una mala costumbre o por una torcida disposición natural. Pero esta conclusión no le interesa al punto 304.
Este punto 304 termina diciendo:
Es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares Al mismo tiempo, hay que decir, que precisamente por esta razón, aquello que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma. Ello no sólo daría lugar a una casuística insoportable, sino que pondría en riesgo los valores que se deben preservar con especial cuidado.
Vemos que el punto 304 empieza dejando de lado la norma general, para ahora darle un mejor lugar. Sinceramente no entiendo qué quiere decir con poner en riesgo los valores que se deben preservar con especial cuidado. Siempre ideas indeterminadas y confusas.
Termina el punto 304 con una referencia a pie de página de Santo Tomás, una frase suya: Si no hay más que un solo de los dos conocimientos (conocimiento general de la norma y conocimiento particular), es preferible que este sea el conocimiento de la realidad particular que se acerca más al obrar. Igualmente esta frase del Santo está sacada de contexto y por tanto con intención de manipulación, pues el Santo la dice en el supuesto de la persona con la virtud de la prudencia, lo que le permitirá mucho mejor asimilar las diversas circunstancias.
Sería muy conveniente que un especialista en Santo Tomás de Aquino pudiera analizar en profundidad este punto 304 y las citas que toma del Santo y la manera en que las emplea.
Pero realmente, no puedo entender este punto 304 de la Exhortación, pues no estamos ante casos de ley natural sino bajo las normas de la fe católica, de la ley divina manifestada en los mandamientos y sacramentos, en la fe y costumbre de la Iglesia. Por tanto, pastores y fieles nos guiamos según la fe, que está perfectamente clara para santificar todas nuestras acciones. Estamos ante casos de moral que la Iglesia perfectamente conoce y nos muestra para vivir y enseñar. Estamos ante una tradición bi-milenaria donde la Iglesia, Madre y Maestra, no ha hecho más que enseñarnos, instruirnos y corregirnos en la verdad de la fe, en la Verdad de Dios.
Punto 305
Por ello, un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones “irregulares”, como si fueran rocas que se lanzan sobre la vida de las personas. Es el caso del os corazones cerrados, que suelen esconderse detrás de las enseñanzas de la Iglesia “para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los caos difíciles y las familias heridas”.
Texto igualmente sorprendente. Las leyes morales son las leyes de la Iglesia, son las leyes divinas, son los mandamientos, los sacramentos, es la verdad de la Iglesia para la salvación de las almas. Es la salvación de las almas, la vida o condenación eterna del alma lo que está en juego. La Iglesia, los pastores, no decimos lo que queremos, es Cristo quien habla a través de su Iglesia, a través de sus ministros, y debemos sujetarnos a la verdad de Dios. Debemos actuar según la norma moral de la Iglesia, según sus enseñanzas. ¿Cómo puede decir, de una forma tan despectiva, que nos escondemos detrás de las enseñanzas de la Iglesia, ridiculizándolas e insultando a los sacerdotes que queremos ser fieles a ella, diciendo que nos sentamos en la cátedra de Moisés…? Estamos en absoluto desacuerdo con esta manifestación personal, arbitraria y gratuita.
No compartimos lo que dice: por creer que todo es blanco o es negro a veces cerramos el camino de la gracia y del crecimiento en medio de los límites. Como siempre ideas indeterminadas, sin dejar claro qué quiere. Pero la realidad es que todo, en cuanto a la salvación del alma, es o blanco o negro, pecado o gracia, bueno o malo, salvación o condenación. El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama (Mt. 15, 30). No hay término medio.
Punto 306
Ante quienes tengas dificultades para vivir plenamente la ley divina, debe resonar la invitación a recorrer la vía caritatis. Expresión insólita donde las haya. La Ley divina es la Ley que la Misericordia Divina ha dado a Su Iglesia para la salvación de las almas. El nombre de Dios es Misericordia, Dios es Misericordia, estamos en el año de la Misericordia, la Misericordia de Dios lo llena todo, entonces, ¿puede Dios dar una Ley que sea una carga que no puedan llevar sus hijos? La Ley divina es la expresión de Su Misericordia. Nunca podrá ser una carga, sólo lo es para quien vive apegado al pecado. El pecado debilita la voluntad, oscurece la mente, deforma al alma.
Continúa el punto 306, La caridad fraterna es la primera ley de los cristianos. No olvidemos las promesas de las Escrituras: “Mantened un amor intenso entre vosotros, porque el amor tapa multitud de pecados “ 1 Pe 4, 8. En modo alguno puede pensarse que este pasaje pueda suponer convivir con el pecado, sino más bien que ante el juicio final la caridad será el mejor abogado. Este texto de Pedro hay que verlo con Santiago 5, 20: Sepa que quien convierte a un pecador de su extravío salvará su alma de la muerte y cubrirá sus muchos pecados. La mayor caridad fraterna es decirle al pecador que deje su situación de pecado, o que no llegue a cometerlo.
Vivir plenamente la Ley divina
La ley divina es clara: Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la repudiada por su marido, comete adulterio. Lc. 16, 18.
El adulterio es una transgresión gravísima del orden moral natural condenado con frecuencia y de modo expreso por la Sagrada Escritura: Ex. 20, 14: No cometerás adulterio. Lev. 20, 10: Si uno comete adulterio tanto con la mujer de un hombre como con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera morirán si remedio. Prov. 6, 32:Quien adultera con una mujer carece de inteligencia, quien o hace se pierde a sí mismo. Rom. 13, 9: Pues no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás…
La Iglesia, siguiendo las enseñanzas de Jesús y guiada por el Espíritu Santo, ha establecido para el caso gravísimo de adulterio la licitud de la separación de los cónyuges, pero sin indisolubilidad del vínculo matrimonial, por tanto, con la imposibilidad de contraer un nuevo matrimonio.
La enseñanza del Magisterio de la Iglesia es amplísima y clarísima:
Si alguno dijere que, a causa de herejía, o por cohabitación molesta, o por culpable ausencia de cónyuge, el vínculo matrimonial puede disolverse, sea anatema. Dz. 975.
Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando enseñó y enseña que, conforme a la doctrina del Evangelio y los Apóstoles, no se puede desatar el vínculo de matrimonio por razón de adulterio de uno de los cónyuges; y que ninguno de los dos, ni siquiera el inocente que no dio causa para el adulterio, puede contraer nuevo matrimonio mientras vida el otro cónyuge, y que adultera lo mismo el que después de repudiar a la adúltera se casa con otra, como la que después de repudiar al adúltero se caso con otro, sea anatema. Dz. 977.
Luego si la Iglesia no erró ni yerra cuando enseñó y enseña estas cosas, evidentemente es cierto que no puede desatarse el vínculo, ni aun en el caso de adulterio, y cosa clara es que mucho menos valen y en absoluto de han de despreciar las otras tan fútiles razones que pueden y suelen alegarse como causa de divorcios. (Pio XI. Casti connubi. 31 diciembre 1930).
Este amor ratificado por la fidelidad mutua y sobre todo sancionado por el sacramento de Cristo, es indisolublemente fiel, en cuerpo y alma, tanto en la prosperidad como en la adversidad y, por tanto, queda excluido de él todo adulterio y divorcio. Gaudium et Spes, 49.
Si tal es la condición del hombre con respecto al a mujer, no trae cuenta casarse. Él les respondió: No todos son capaces de entender esta doctrina, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Mt. 19, 10-11. El Señor da la gracia para vivir el Sacramento del matrimonio, y la gracia para no pecar en caso de ruptura.
Ave María Purísima.
Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa
jueves, 14 de abril de 2016
SAN VICENTE DE LERINS, DOCTOR DE LA IGLESIA, EXPLICA LA ADVERTENCIA DE SAN PABLO
ADVERTENCIA DE SAN PABLO
A LOS GÁLATAS
Individuos de esa ralea, que
recorrían las provincias y las ciudades mercadeando con sus errores, llegaron
hasta los Gálatas. Éstos, al escucharlos, experimentaron como una cierta
repugnancia hacia la verdad; rechazaron el maná celestial de la doctrina católica
y apostólica y se deleitaron con la sórdida novedad de la herejía.
La autoridad del Apóstol se manifestó entonces con su más grande severidad: "aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo os predicase un Evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema".
¿Y por qué dice San Pablo aun cuando nosotros mismos, y no dice ¿aunque yo mismo?
Porque quiere decir que incluso si Pedro, o Andrés, o Juan, o el Colegio entero de los Apóstoles anunciasen un Evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
Tremendo rigor, con el que, para afirmar la fidelidad a la fe primitiva, no se excluye ni así mismo ni a los otros Apóstoles.
Pero esto no es todo: aunque un ángel del cielo os predicase un Evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema.
Para salvaguardar la fe entregada una vez para siempre, no le bastó recordar la naturaleza humana, sino que quiso incluir también la excelencia angélica: aunque nosotros -dice- o un ángel del cielo.
No es que los santos o los ángeles del cielo puedan pecar, sino que es para decir: incluso si sucediese eso que no puede suceder, cualquiera que fuese el que intentase modificar la fe recibida, este tal sea anatema.
¡Pero quizá el Apóstol escribió estas palabras a la ligera, movido más por un ímpetu pasional humano que por inspiración divina! Continúa, sin embargo, y repite con insistencia y con fuerza la misma idea, para hacer que penetre: "cualquiera que os anuncie un Evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema".
No dice: si uno os predicara un Evangelio diferente del nuestro, sea bendito, alabado, acogido; sino que dice: sea anatema, es decir, separado, alejado, excluido, con el fin de que el contagio funesto de una oveja infectada no se extienda, con su presencia mortífera, a todo el rebaño inocente de Cristo.
VALOR UNIVERSAL
La autoridad del Apóstol se manifestó entonces con su más grande severidad: "aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo os predicase un Evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema".
¿Y por qué dice San Pablo aun cuando nosotros mismos, y no dice ¿aunque yo mismo?
Porque quiere decir que incluso si Pedro, o Andrés, o Juan, o el Colegio entero de los Apóstoles anunciasen un Evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
Tremendo rigor, con el que, para afirmar la fidelidad a la fe primitiva, no se excluye ni así mismo ni a los otros Apóstoles.
Pero esto no es todo: aunque un ángel del cielo os predicase un Evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema.
Para salvaguardar la fe entregada una vez para siempre, no le bastó recordar la naturaleza humana, sino que quiso incluir también la excelencia angélica: aunque nosotros -dice- o un ángel del cielo.
No es que los santos o los ángeles del cielo puedan pecar, sino que es para decir: incluso si sucediese eso que no puede suceder, cualquiera que fuese el que intentase modificar la fe recibida, este tal sea anatema.
¡Pero quizá el Apóstol escribió estas palabras a la ligera, movido más por un ímpetu pasional humano que por inspiración divina! Continúa, sin embargo, y repite con insistencia y con fuerza la misma idea, para hacer que penetre: "cualquiera que os anuncie un Evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema".
No dice: si uno os predicara un Evangelio diferente del nuestro, sea bendito, alabado, acogido; sino que dice: sea anatema, es decir, separado, alejado, excluido, con el fin de que el contagio funesto de una oveja infectada no se extienda, con su presencia mortífera, a todo el rebaño inocente de Cristo.
VALOR UNIVERSAL
DE LA ADVERTENCIA PAULINA
Podría pensarse que estas cosas fueron dichas sólo para los Gálatas. En ese caso, también las demás recomendaciones que se hacen en el resto de la carta serían válidas solamente para los Gálatas. Por ejemplo: "..si vivimos por el Espíritu, procedamos también según el Espíritu. No seamos ambiciosos de vanagloria, provocándonos los unos a los otros y envidiándonos recíprocamente".
Pues si esto nos parece absurdo, ello quiere decir que esas recomendaciones se dirigen a todos los hombres y no sólo a los Gálatas; tanto los preceptos que se refieren al dogma, como las obligaciones morales, valen para todos indistintamente. Así, pues, igual que a nadie es lícito provocar o envidiar a otro, tampoco a nadie es lícito aceptar un Evangelio diferente del que la Iglesia Católica enseña en todas partes.
¿Quizá el anatema de Pablo contra quien anunciase un Evangelio diferente del que había sido predicado sólo valía para aquellos tiempos y no para ahora?
En este caso, también lo que se prescribe en el resto de la carta: "Os digo: proceded según el Espíritu y no satisfaréis los apetitos de la carne", ya no obligaría hoy.
Si pensar una cosa así es impío y pernicioso, necesariamente hay que concluir que, puesto que los preceptos de orden moral han de ser observados en todos los tiempos, también los que tienen por objeto la inmutabilidad de la fe obligan igualmente en todo tiempo.
Por consiguiente, anunciar a los cristianos alguna cosa diferente de la doctrina tradicional no era, no es, no será nunca lícito; y siempre fue obligatorio y necesario, como lo es todavía ahora y lo será siempre en el futuro, reprobar a quienes hacen bandera de una doctrina diferente de la recibida.
Así las cosas, ¿habrá alguien tan osado que anuncie una doctrina diferente de la que es anunciada por la Iglesia, o será tan frívolo que abrace otra fe diferente de la que ha recibido de la Iglesia?
Para todos, siempre, y en todas partes, por medio de sus cartas, se levanta con fuerza y con insistencia el grito de aquel instrumento elegido, de aquel Doctor de Gentes, de aquélla campana apostólica, de aquel heraldo del universo, de aquel experto de los cielos: «Si alguien anuncia un nuevo dogma, sea excomulgado».
Podría pensarse que estas cosas fueron dichas sólo para los Gálatas. En ese caso, también las demás recomendaciones que se hacen en el resto de la carta serían válidas solamente para los Gálatas. Por ejemplo: "..si vivimos por el Espíritu, procedamos también según el Espíritu. No seamos ambiciosos de vanagloria, provocándonos los unos a los otros y envidiándonos recíprocamente".
Pues si esto nos parece absurdo, ello quiere decir que esas recomendaciones se dirigen a todos los hombres y no sólo a los Gálatas; tanto los preceptos que se refieren al dogma, como las obligaciones morales, valen para todos indistintamente. Así, pues, igual que a nadie es lícito provocar o envidiar a otro, tampoco a nadie es lícito aceptar un Evangelio diferente del que la Iglesia Católica enseña en todas partes.
¿Quizá el anatema de Pablo contra quien anunciase un Evangelio diferente del que había sido predicado sólo valía para aquellos tiempos y no para ahora?
En este caso, también lo que se prescribe en el resto de la carta: "Os digo: proceded según el Espíritu y no satisfaréis los apetitos de la carne", ya no obligaría hoy.
Si pensar una cosa así es impío y pernicioso, necesariamente hay que concluir que, puesto que los preceptos de orden moral han de ser observados en todos los tiempos, también los que tienen por objeto la inmutabilidad de la fe obligan igualmente en todo tiempo.
Por consiguiente, anunciar a los cristianos alguna cosa diferente de la doctrina tradicional no era, no es, no será nunca lícito; y siempre fue obligatorio y necesario, como lo es todavía ahora y lo será siempre en el futuro, reprobar a quienes hacen bandera de una doctrina diferente de la recibida.
Así las cosas, ¿habrá alguien tan osado que anuncie una doctrina diferente de la que es anunciada por la Iglesia, o será tan frívolo que abrace otra fe diferente de la que ha recibido de la Iglesia?
Para todos, siempre, y en todas partes, por medio de sus cartas, se levanta con fuerza y con insistencia el grito de aquel instrumento elegido, de aquel Doctor de Gentes, de aquélla campana apostólica, de aquel heraldo del universo, de aquel experto de los cielos: «Si alguien anuncia un nuevo dogma, sea excomulgado».
Tomado de:
CONMONITORIO (APUNTES PARA CONOCER LA FE VERDADERA )
DE SAN VICENTE DE LERINS, DOCTOR DE LA IGLESIA DEL SIGLO V.
Esta obra puede consultarse íntegra en la columna derecha de este blog: http://www.catolicidad.com/2009/08/san-vicente-de-lerins-doctor-de-la.html
Reeditado
DE SAN VICENTE DE LERINS, DOCTOR DE LA IGLESIA DEL SIGLO V.
Esta obra puede consultarse íntegra en la columna derecha de este blog: http://www.catolicidad.com/2009/08/san-vicente-de-lerins-doctor-de-la.html
Reeditado
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